Es su forma, sus caricias en la espalda,
las manos de espiga ¡a poblar campos amada!
lo que enloquece al viento, al alma,
a aquel tipo de esquina hambriento,
con la mirada rasgada ¡No, no era tuerto!
veía a su musa y explicaba,
yo tengo el poder de imaginarla,
pensaba un momento... lo tenía,
tiene ojos de faro e ilumina,
usa a los vagabundos en su pena,
vuela con un estilo lento,
posándose en la tapicería.
Va desnuda y va vestida,
se pinta los labios de color arena,
brinca un poco con sentimiento,
y se le alborota el liso muerto,
empieza a correr la ironía
pasa de tristeza a vida,
como le gustaría verla,
fuera de sus noches
y dentro de sus días.